Rubio recibe críticas por la postura de la Administración Trump frente a Rusia, un fuerte contraste con su historial

Las amenazas del presidente, Donald Trump, de imponer aranceles y sanciones a Rusia como palanca para negociar un alto al fuego con Ucrania pueden ser un giro bienvenido que desvíe la atención del reciente apoyo de la Administración al líder ruso Vladimir Putin.
También puede alejar la atención de las críticas que ha estado recibiendo el secretario de Estado, Marco Rubio, quien es conocido por sus políticas de línea dura contra Rusia y el respaldo que hace a países comunistas y socialistas como Cuba, Venezuela y Nicaragua.
Después de que Trump y el vicepresidente, JD Vance, increparan al presidente ucraniano, Volodymyr Zelenskyy, en un acalorado intercambio televisado desde el Despacho Oval, y tras las afirmaciones de Trump de que Ucrania –y no Rusia– comenzó la guerra, el secretario de Estado cubanoestadounidense ha sido criticado por estadounidenses que condenan la invasión de Putin en Ucrania, así como la larga implicación rusa con algunos países latinoamericanos.
Una carta al editor del Miami Herald, el periódico de su ciudad natal, cuestionaba cómo Rubio puede “dormir por la noche” ahora que está “ansioso por asociarse con Rusia, que recientemente envió petróleo a La Habana para mantener en marcha el motor de ese Estado socialista”. Otra carta arremetía contra Rubio por “sentarse en el Despacho Oval mientras su caudillo (hombre fuerte) teñido de color mandarina rendía tributo y abrazaba abiertamente al presidente ruso Vladimir Putin. Fidel Castro hizo una vez lo mismo con Nikita Kruschev en 1961”.
Cuando se le pidió un comentario, el Departamento de Estado remitió a NBC News a las declaraciones recientes de Rubio en las cadenas ABC News, Fox News y CNN, en las que ha insistido en que el objetivo de Trump es conseguir que Rusia y Ucrania negocien un acuerdo de paz y el fin de una guerra que lleva tres años y ha costado miles de vidas civiles.
“Todo lo que el presidente está tratando de hacer es averiguar si hay un camino hacia la paz. Tenemos que comprometer a ambas partes, a los rusos y a los ucranianos. Y pedimos a los ucranianos que no lo saboteen”, le dijo Rubio a Fox News tras el intercambio de Trump con Zelensky en la Casa Blanca.
El papel de los secretarios de Estado es llevar a cabo la agenda de política exterior de su presidente. Pero la política rusa de la Casa Blanca contrasta con la de Rubio. El estadounidense de origen cubano, un halcón de la política exterior que formó parte del Comité de Relaciones Exteriores del Senado y del Comité Selecto de Inteligencia, ha sido un firme opositor a Rusia y un defensor de Ucrania, y a menudo ha criticado la injerencia rusa en otros países.
Después de que buques de guerra rusos visitaran Cuba el verano pasado, el entonces senador Rubio, junto con su el también senador por Florida Rick Scott, presentó una resolución condenando al régimen cubano, afirmando que “el mundo está siendo testigo de las múltiples formas en que el régimen de Castro/Díaz-Canel ha servido de marioneta para la China comunista, Irán y, más recientemente, Rusia”.
Al igual que Rubio, muchos cubanos, así como exiliados de Venezuela y Nicaragua, ven a Rusia no solo como un agresor contra Ucrania, sino como un régimen con fuertes alianzas con los gobiernos de los que huyeron.
Para Anamely Ramos, una conocida activista e historiadora del arte afincada en Chicago que llegó de Cuba hace tres años, los recientes acercamientos de la Administración Trump con Rusia le preocupan.
Ramos aseveró que es un tema delicado para muchos cubanos porque aún no tienen toda la información, pero es peor “permanecer en silencio”.
“Mi papel, como cubana y defensora de los derechos humanos, es insistir en ciertas demandas pensando en la política hacia Cuba, independientemente del partido que esté en el poder”, agregó Ramos. “El ablandamiento con Rusia nos afecta y, como activistas, no podemos perderlo de vista ni un segundo”.
Tras la revolución de 1959, Cuba se convirtió en un importante aliado de la Unión Soviética y dependía de ella en materia de subvenciones y apoyo militar. La crisis de los misiles cubanos de 1962 –cuando la Unión Soviética colocó misiles en Cuba, a sólo 90 millas de suelo estadounidense– llevó a las dos superpotencias al borde de un conflicto nuclear. Rusia ha seguido ayudando a Cuba, más recientemente con envíos de petróleo, ya que la isla está sumida en una crisis económica, y también ha ayudado a los gobiernos autoritarios de izquierda de Nicaragua y Venezuela.
Algunos activistas prodemocráticos en Estados Unidos no ven con malos ojos la política de la Administración hacia Rusia.
“Trump está tratando de poner fin a una guerra en la que ha habido grandes pérdidas de vidas en ambos bandos”, precisó Ernesto Ackerman, presidente del grupo Ciudadanos Venezolanos-Americanos Independientes, que es partidario de Trump. “Lo que él quiere es lograr la paz entre estos dos países”, agregó.
Otros querían dejar claro que apoyaban a Rubio, pero estaban preocupados por los recientes acercamientos del Gobierno con Rusia.
Carolina Barrero, que se mueve entre Madrid, Washington, D.C., Miami y Nueva York como directora de la organización Ciudadanía y Libertad, afirmó que, para los cubanos como ella, es un “honor” que Marco Rubio sea secretario de Estado y lo quieren en ese puesto. Pero aceptó estar “preocupada” por el fortalecimiento de la alianza entre Estados Unidos y Rusia.
“La mayoría de los cubanos somos conscientes de quién es Vladímir Putin y de la amenaza que representa por la historia que hemos tenido”, explicó Barrero.
La Administración Trump también ha endurecido sus políticas hacia varios países latinoamericanos: revocó una licencia que permitía a Chevron bombear petróleo en Venezuela, regresó a Cuba a la lista de estados patrocinadores del terrorismo, aplicó aranceles a México y amenazó con “recuperar” el Canal de Panamá.
Por otro lado, la Administración cesó las operaciones cibernéticas ofensivas contra Rusia y puso fin a los esfuerzos por confiscar activos de oligarcas rusos.
“Parece un poco sospechoso y al secretario de Estado le cuesta explicar por qué”, dijo Eduardo Gamarra, profesor de política y relaciones internacionales en la Universidad Internacional de Florida.
Si Rubio tiene aspiraciones presidenciales, tiene que aprovechar al máximo la situación actual, según Gamarra.
“Imaginemos una situación en la que Rubio sea capaz de presidir un proceso de paz. Eso casi le garantiza un enorme salto político”, aseveró.